Informes especiales 

Artículo de Diego Quijano Durán publicado el diario La Estrella el 29 de julio del 2011.

Los valores y la economía

DIEGO QUIJANO DURÁN

2011-07-28 ECONOMISTA

Al hablar de los valores, primero debe reconocerse que, sin libre albedrío, no puede actuarse ética o moralmente. Sólo el individuo puede elegir y tomar acciones éticas o morales. No puede decirse lo mismo de un animal o un robot. Por eso, no acusamos al águila macho de inmoral cuando mata a su cría ni felicitamos al robot por responsable cuando cumple su labor.

Para que la moralidad o la ética entren en juego, se requiere de la interacción con otras personas. Un náufrago solitario no puede actuar éticamente. Solo el hombre libre en sociedad puede escoger actuar, con respecto a sus congéneres, de acuerdo a ciertos principios o reglas. Y es que la moralidad y la ética requieren que se reconozca la dignidad y la capacidad de ejercer el libre albedrío de las otras personas.


En contraposición, los individuos que actúan bajo órdenes, no pueden actuar de manera ética o moral. Si se me ordena ayudar a una señora a cruzar la calle, no soy solidario, sólo obedezco órdenes. Por ello, sólo cuando se me da la libertad de escoger entre robar y no robar, entre ayudar a la señora o no ayudar, es que demuestro mis valores.

 ¿Tiene algo que decir la economía sobre los valores? Se suele decir que no, que la economía entiende del dinero y no del respeto o la honradez. Con respecto a este punto, el economista Ludwig von Mises, en La acción humana, señala que ‘No es correcto decir que la honradez ‘no paga’. La honradez ‘paga’ a quien subjetivamente valora en más atenerse a ciertos principios que las ventajas que tal vez pudiera derivar de no seguir dichas normas’. Para ser honrado, tiene que existir la posibilidad de no serlo. Es así como se gana la reputación de honradez.

Supongamos que el gobierno interviene en la economía y dice: Hay que ayudar a los pobres, porque se mueren de hambre. Para ello, cobra impuestos y los alimenta. ¿Puede afirmarse que los individuos en este país han sido solidarios? No, porque para que haya un acto solidario se requiere la decisión de cada individuo y no la mera obediencia a un mandato coactivo. No se puede ser solidario, entregando riqueza ajena.

A veces nos puede parecer que las reglas éticas exigen sacrificar un beneficio personal. Pero en su mayoría, son todo lo contrario. Incorporan un conocimiento milenario implícito: Cumplir esas reglas tiende a generar un mayor beneficio para todos. Por ello, no hay ninguna sociedad en la que el homicidio, el robo o el no cumplimiento de las promesas hayan sido vistos con buenos ojos. Son las reglas elementales para que una sociedad prospere y, por ello, la conexión íntima entre ética, derecho y economía.

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Artículo de Diego Quijano Durán en el suplemento Martes Financiero del periódico La Prensa publicado el 24 de Agosto del 2010.

El Perverso Seguro de los Depósitos Bancarios
Por Diego Quijano Durán

La quiebra de un banco siempre es un evento traumático. Al ser receptores de fondos de una gran cantidad de inversionistas, por medio de los depósitos en cuentas corrientes y de ahorro, la quiebra de un banco implica una afectación a muchas más personas que la de otro tipo de empresa de similar tamaño.  

Por ello, los Gobiernos (en muchos casos motivados por los propios banqueros), buscan establecer los llamados sistemas de garantías de depósitos, de manera que si el banco quiebra, los depositantes tienen “garantizado” (normalmente hasta un monto máximo), la devolución de sus fondos. A primera vista, esta política parece sabia y bien intencionada, pero tiene consecuencias nefastas.

Para empezar, no se puede olvidar que un banco es una empresa y quienes ponen su dinero en un banco lo están entregando a un empresario/banquero que promete dar servicios de caja, giros y pagos, y hacerlo crecer mediante inversiones.

El banquero no promete que el dinero estará sencillamente “bien cuidado”. De hecho, en el contrato de depósito actual, el dinero deja de pertenecerle al depositante, quien pasa a ser acreedor del banco, y el banco, al convertirse en el dueño de los fondos, procede a invertirlo en otros proyectos. Por ello, a pesar de que pensamos que nuestros fondos están “totalmente” disponibles en el banco, en realidad, la mayoría está fuera de las bóvedas colocados en inversiones.

Si la inversión de una persona estuviese garantizada (sin costo directo), ¿se preocuparía este inversionista por investigar la salud de la empresa, la factibilidad del negocio, la reputación de los accionistas?  Tal vez daría un vistazo general, pero, qué más da. Si quiebra, recibe su dinero, si no quiebra, pues todo el mundo feliz.

Cualquiera que tenga un mínimo de experiencia en el negocio de los seguros y fianzas, sabe que para que un riesgo sea asegurable, su posibilidad de ocurrir debe poderse medir estadísticamente y depender más bien del azar, además es fundamental que el asegurado tenga fuertes motivaciones para que el evento no ocurra, por ejemplo, la muerte, cualquier accidente, un incendio.

En cambio, no se pueden asegurar eventos o riesgos que dependen de la acción humana. No puede uno asegurarse contra el divorcio. Y similar es el caso de las empresas. Nadie se atrevería a poner un negocio para vender seguros contra quiebra, a menos, claro, que lo haga con dinero que no es suyo, por ejemplo, el dinero de los contribuyentes.

La razón por la que nadie arriesgaría así su dinero es porque el éxito o fracaso de un negocio dependen de si los accionistas lograrán conducir la empresa hacia metas rentables, con un equipo de ejecutivos capaces, y que podrán mantenerse eficientes e innovadores frente a la competencia, y nada de esto depende de probabilidades.

Por supuesto, en el mercado bursátil se venden seguros para protegerse si una empresa no repaga sus bonos, por ejemplo. Pero la gran diferencia es que aquí, el interesado en asegurar su plata es el que paga por el seguro, y el que ofrece el seguro ha analizado el caso particular (quiebra de la empresa X) y no la clase de evento (cualquier quiebra) y ha hecho más bien una apuesta, de que la empresa no quebrará. Esto no se puede “controlar” con probabilidades estadísticas, cosa que sí se puede hacer a mayor grado con los accidentes (por eso los seguros de vida no cubren suicidio, y los de incendio no cubren las guerras).

Lo mismo sucede en un banco. Los ejecutivos del banco deberán decidir cómo colocar los fondos de que disponen: en qué sectores invertir el dinero entregado, a qué plazos, a qué tasas, en qué emprendimientos confiar tanto el dinero de los accionistas como el de los depositantes y otros inversionistas. Todo esto depende de la acción de individuos.

Los banqueros, pues, están motivados a mantener su reputación porque la gente normalmente prefiere banqueros prudentes, que procuren invertir en proyectos factibles y rentables, no simplemente aparentemente lucrativos o en un afán de acrecentar la cartera de activos. Incluso, la mayoría busca tener su dinero en más de un banco, por aquello de no poner todos los huevos en la misma canasta.

De crearse un sistema de seguros de depósitos, se perderá el interés de los depositantes en conocer a sus banqueros y de diversificar sus posiciones. A la vez, nuestros banqueros serán más aventurados, ya que su reputación dejará de tener el valor de antes. Y los contribuyentes tendrán que soportar las pérdidas que generen estos malos incentivos, que son inasegurables como clase de evento (quiebra de cualquier banco).

Veamos algunos comentarios de Sheila Blair, quien preside la junta directiva de la Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC), entidad encargada en Estados Unidos de gestionar el sistema de quiebras de bancos y las garantías de depósitos:  “Los depositantes deben entender que la posibilidad de que su banco quiebre es muy baja, y que aunque el banco quiebre, los depositantes no tienen nada de qué preocuparse,” y continúa diciendo “para el depositante asegurado una quiebra bancaria es un ‘no-evento’ (non event, en inglés)”.

¿Queremos un sistema bancario en que los depositantes no deben preocuparse por la posibilidad de la quiebra de su banco y en el cual, a la mayoría no le interesa saber en qué y cómo administra sus fondos el banco, porque al final el costo de una quiebra lo pagarán los contribuyentes?  ¿O preferimos un sistema como el panameño, que lleva más de cien años sin banca central y sin fondos que garanticen las quiebras con dinero de los contribuyentes?

No olvidemos que mientras en Panamá no quebró ningún banco entre 2007 y lo que va de 2010, en Estados Unidos han quebrado 277. Solo en el mes de julio de 2010 quebraron 22 bancos. Cabe preguntase, ¿qué sistema bancario es mejor?

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Hacia nuevos paradigmas en materia de Seguridad.

Ricardo Soto 

En 1989 se formuló la teoría de las 4 generaciones de la Guerra. La primera sería la guerra de líneas y columnas inventada por los hoplitas griegos y que culminó en las guerras napoleónicas pero que el fusil de repetición y la artillería hicieron suicida, la segunda es la guerra de movimiento lineal con apoyo de fuego indirecto, que cubre el periodo de transición entre la Guerra Civil de los Estados Unidos y los primeros años de la Primera Guerra Mundial pero que llevó esta guerra al estancamiento de las trincheras. La tercera generación es la guerra de infiltración y defensa en profundidad mediante maniobras rápidas. Es la guerra practicada por las tropas de asalto alemanas en 1918, por todos los bandos en la Segunda Guerra Mundial y actualmente por los USA e Israel en el Medio Oriente. En los dos tipos de guerra anteriores el objetivo era acercarse al enemigo y destruirlo, en el tercero, es el de desorganizarlo y aislarlo, logrando su colapso pese a que muchas unidades permanecen intactas (Francia 1940, casi la URSS en 1941, Egipto en 1968).   La guerra de 4 generación une elementos de todas las guerras anteriores y añade actores no gubernamentales y medios violentos o no violentos, como  marchas no violentas al estilo Gandhi o Martín Luther King y el uso de el derecho internacional o violentos como guerrillas y terrorismo, además busca influir no solo contra blancos militares sino contra blancos políticos y culturales. Busca sobre todo lograr que el Estado pierda su voluntad de pelear. Es clásica de los conflictos de contrainsurgencia de la postguerra pero ya no se limita al uso de medios violentos, los medios no violentos y legales son a veces más efectivos y preferibles.

En este tipo de guerra, o más bien de conflicto, se busca que el Estado pierda su legitimidad y voluntad de pelear. El estado se convierte en una especie de matón de barrio en el cual las partes por medios no violentos tratan de desescalar el conflicto mientras el Estado lo escala, siendo visto como un matón y pierde legitimidad.  Otro punto de los conflictos de cuarta generación es que las partes no tienen un mando central, es mas bien una idea que una organización lo que los une, es una unión contra, no por, y el objetivo de las partes enfrentadas asimétricamente contra el estado en el de sobrevivir para convencer al Estado de que sus objetivos no son logrables o políticamente demasiado costosos.  Generalmente los conflictos con guerra de 4 generación exceden las capacidades sicológicas de los militares y policías por el carácter político de las mismas. La solución solo puede ser política.

Para que un estado pueda solucionar satisfactoriamente un conflicto de 4 generación tiene que cumplir con los pasos del Paradigma Manwaring, llamado así por el politólogo que lo diseñó.

Estos son 1.Legitimidad, un gobierno obtiene su poder del consentimiento de los gobernados y de la capacidad de cumplir sus promesas. Si es visto como matón de barrio o como mentiroso pierde su legitimidad. 2. Unidad de Esfuerzo, todas las agencias del Estado están focalizadas en lograr los objetivos. 3. Capacidad militar, las fuerzas de seguridad del Estado tienen que saber actuar a tiempo, con usoproporcionado de la fuerza, con consistencia y con una propuesta diseñada a largo plazo. 4.Aislar. Se debe buscar aislar a la oposición militar económica, política y socialmente evitando a su vez aislarse de los gobernados. 5. Inteligencia, tiene que tener la habilidad de identificar, localizar, neutralizar las amenazas de manera a tiempo y precisa. Sin alienar a la sociedad civil. 6. Información/Propaganda. La habilidad de ganar los corazones y mentes de los gobernados y convencer a la gente de quienes son realmente los malos.  7. Mental. Lo más importante, la habilidad de mantener el apoyo durante el tiempo, de mantener la moral alta a largo plazo.

Muchos de los conflictos presentes en Iberoamérica, como la lucha contra la delincuencia y las insurgencias que todavía existen solo son solucionables mediante el cumplimento de estos paradigmas, los gobiernos que no lo hagan están llamados a perder a largo plazo. Espero que los perdedores no sean gobiernos democráticos.

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Artículo de Omar Sanabria en el suplemento Calle 50 del periódico Panama América.

Las empresas estatales y su evolución en Panamá

Según su origen, estas compañías tienen sólo un dueño: el Estado. Se sugiere una administración alejada de intereses populistas, a fin de mantenerlas rentables. Aún así, algunos prefieren que se evite este modelo.

Omar Sanabria
 
ESPECIAL PARA CALLE 50
La empresa estatal es aquella que realiza sus actividades bajo la administración del Gobierno.

El nombre de “empresa estatal” es contradictorio, ya que para que pueda ser catalogada como empresa es necesario que sea operada por particulares, quienes ofrecen bienes y servicios para satisfacer las necesidades de otros.

Estos particulares se sumergen en la tarea de satisfacer las necesidades de otros debido a un interés personal. Es decir, quieren obtener algo a cambio.

En la tarea empresarial propiamente dicha, los particulares utilizan sus propios recursos (tiempo, capital, esfuerzo) y, de hecho, los arriesgan, por más experiencia y convicción que se tengan; además siempre existe la posibilidad del fracaso.

Contrario a este modelo, las llamadas “empresas estatales” carecen de dos aspectos claves: el interés personal de obtener una ganancia por los servicios o productos que se ofrecen y el riesgo de perder la inversión propia.

Los empresarios conocen los gustos de los consumidores y por ende invertirán en aquellos sectores que le sean rentables, pero cuando el Estado decide invertir lo hace, generalmente, en sectores que desean los gobernantes y no necesariamente en los que exige el mercado; es decir, el deseo de los consumidores. En consecuencia, los recursos casi siempre quedan mal invertidos.

Ejemplo de esto lo podemos encontrar en la historia nacional. La intervención estatal en el mercado panameño que aumentó después del golpe militar de 1968, con el plan llamado Estrategia para el Desarrollo Nacional 1970-1980. Así se crearon las empresas operadas por el Gobierno en los sectores azucarero y el cementero, con el financiamiento por parte de los organismos internacionales. En un principio se pensó que estas empresas pagarían sus deudas y que aportarían ingresos a las arcas del Estado. Anterior a esto, ya existían las “empresas estatales” de energía eléctrica y telecomunicaciones.

Ninguna de estas empresas cumplió sus objetivos. Para crearlas se inició la deuda externa del Estado panameño que hasta la fecha no ha sido pagada en su totalidad. Y contrario a lo que mucha gente dice, la incapacidad de pago no se debió a las condiciones de los préstamos, sino que se invirtió en empresas que nunca generaron ganancias suficientes.

A final de la “década perdida” del 80 (época en la que no hubo crecimiento económico ni inversiones significativas y se dieron crisis en toda Latinoamérica) y del régimen militar panameño, Estados Unidos ayudaría económicamente a Panamá a salir de la crisis en que se encontraba. Para ello, se aprobó el Convenio de Donación, que exigía implementar reformas con políticas liberalizadoras contempladas en la Estrategia para el Desarrollo y Modernización Económica de 1990. Estas políticas incluían la privatización de las “empresas estatales”, que si bien no favorecían a cabalidad a los usuarios o consumidores porque no permitían el ingreso al mercado de nuevos competidores, sí eliminaban una carga para el Estado. Adicionalmente, con el dinero obtenido por vender esas “empresas”, se creaba un fondo de fideicomiso llamado Fondo Fiduciario para el Desarrollo.

Es evidente que el llamado sistema del “Estado Empresario” fue el causante del fracaso de las economías planificadas y parece incomprensible que se siga pensando que con este modelo se obtiene un Estado más eficiente.

En el inicio de la República, en la Constitución de 1904, el Estado se limitó en el artículo 73 a elaborar el presupuesto, pero su injerencia en el mercado ha ido creciendo y continuará si no entendemos su función real.

Por último, cito las palabras del doctor Alberto Benegas Lynch (hijo): “El Gobierno no fue hecho para ser comerciante, industrial ni agricultor, fue hecho para hacer justicia”.